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Puntual como cada verano llega la Semana Negra a Gijón. El 6 de julio a primera hora de la mañana la gente comenzaba a llegar al vestíbulo del hotel Husa-Chamartín, unos desde sus habitaciones y otros desde sus respectivas casas, para bajar juntos al andén donde el Tren Negro les esperaba para traerles un año más a la cita lúdico-literaria gijonesa.

En ese momento los ánimos se dividían entre la alegría por los siguientes días de libros, charlas y fiesta, y la rabia e indignación de saber que una amiga y compañera, Sanjuana Martínez, había sido detenida en México de manera ilegal.

Arranca el tren con destino a Asturias. Parece un año más. Se mezclan las conversaciones con los viejos conocidos con los saludos y presentaciones de los que vienen por primera vez. Todo transcurre según lo previsto hasta llegar a la altura de la localidad leonesa de Villablino donde una barricada en la vía hace que el tren se detenga durante largo rato. Este hecho que haría que mucha gente echara chispas y maldijese, se toma con total naturalidad dentro del Tren Negro. Los mineros están en lucha y lo importante es apoyarlos.

Una vez solventado el contratiempo, el Tren Negro sigue su camino hacia Mieres, llegando con una hora de retraso según lo previsto. Allí les esperaban el alcalde de la ciudad y la consejera de cultura del principado, la banda de gaiteros y un nutrido grupo de mineros que reciben a los autores, periodistas y demás viajeros del tren escuchando las notas de “En el pozo Maria Luisa”, canción emblemática para los mineros:

 

Tras un momento como éste, se obsequió a los viajeros con una tradicional espicha y se les despide para que sigan rumbo a Gijón, donde la charanga El Ventolín los recibe con música. De allí a los hoteles, a la recepción en el Ayuntamiento y al recinto para el corte de cinta y la inauguración oficial.

Por delante quedan muchos días de fiesta y libros, de Cultura, así con mayúsculas.

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