Nocturno con barcos

Siento pasar los barcos por dentro
de la noche. Vienen de un transitorio
distrito del invierno y van a otra interina
estación de argonautas,
                         esas rutas
quiméricas que rondan
los fascinantes puertos de la imaginación.
 
Invisibles a veces, surcan
las cóncavas comarcas de la niebla,
pertenecen a un mundo despoblado,
a alguna procelosa tradición
de vidrieras marchitas, se parecen
a la emoción que queda detrás de algunos sueños.
 
Llega hasta aquí el empuje
respiratorio de las máquinas, el empellón
del agua en las amuras,
                        y a veces
una sirena desenrosca
la disonante cinta de su melancolía
por los opacos círculos del aire.
 
La cifra de esos barcos es la mía.
Con ellos cada noche se va también mi alma.
 
(Caballero Bonald)
 

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Violencia de género

Hoy se celebra el Día Internacional contra la violencia de género.  Parece mentira que en pleno siglo XXI estemos hablando de 42 mujeres muertas, sólo en España, en lo que va de este año 2012. Y eso sin contar las que padecen agresiones, físicas y psicológicas, todos los días.

Algunas se atreven a dar un paso al frente y denunciar su situación, pero muchas siguen callando por miedo y, lo que es peor, por falta de apoyos. El gobierno español con su política de recortes y con sus tasas judiciales se está convirtiendo en cómplice de los maltratadores, al hacer que sea más difícil para las víctimas denunciar.

Pero lo más grave de todo es que seguimos teniendo una carencia importante en la educación de los más pequeños, en enseñarles que hombres y mujeres somos iguales. Y esa labor no sólo es del gobierno de turno, o de las escuelas. Es una labor que debe empezar en las familias, entre los amigos y en la calle.

Por la parte que me toca, seguiré luchando para que llegue el día en que ninguna mujer deba callar y esconder sus golpes, para seguir dando voz a las que, por desgracia, ya no la tienen. Y, en definitiva, por un mundo en que un día como el de hoy, no sea necesario.

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Huelga general el 14N

Hace varias semanas que se anunció formalmente la convocatoria de una huelga general para el día 14 de noviembre. Las razones para salir a la calle y decir “Basta” nos sobran a todos.

Se está tratando de acabar con la sanidad y la educación públicas, con los derechos laborales y con el estado del bienestar (y eso por no entrar en el tema del derecho al aborto) y, pese a todo esto, todavía hay gente que justifica el no hacer huelga.

Las excusas son de lo más variadas:

No me puedo permitir perder un día de trabajo. Por no perder unos cuantos euros están vendiendo su alma a una patronal que sólo se verá satisfecha cuando los derechos de los trabajadores hayan desaparecido por completo. Cuando en vez de trabajadores tengan esclavos sin opinión.

La convocan los sindicatos y paso de ellos. ¿Y quién quieren que la convoque? De todos modos ya han anunciado su adhesión a la huelga diversas asociaciones de autónomos o de jueces, además de otros colectivos.

 No va a servir de nada. Lo único que no sirve de nada es quedarse en casa cruzado de brazos o mirando hacia otro lado. Y mucho menos, quejarse a diario en las redes sociales desde la comodidad de sus casas.

Estamos en un punto crítico, con una tasa de desempleo alarmante y con un empleo cada vez más inestable. Con más familias viviendo bajo el umbral de la pobreza de las que nos gustaría reconocer, con niños que no reciben una comida caliente al día, con bancos de alimentos desbordados de peticiones, …, y todavía ¿siguen pensando que no merece la pena salir a la calle?

Yo sí voy a hacer huelga y sí voy a participar en las manifestaciones. ¿Alguien más se apunta?

Máscaras

A lo largo de nuestra vida nos ponemos distintas máscaras. La que mostramos a los nuestros, la que mostramos en el trabajo, la que mostramos a los amigos, la que mostramos a los conocidos… Luego está la cara real que se esconde tras esas máscaras, la cara que sólo conocemos nosotros.

Ponerse máscaras no es malo, es como ponerse diferente ropa según la ocasión. Lo importante es que esas máscaras sean lo bastante translúcidas como para dejar ver la cara que está debajo. Lo malo son las máscaras opacas, las que ocultan la verdad.

Las personas que no tienen nada que ocultar sólo usan máscaras transparentes. El resto no me interesan.

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