La Torre Eiffel

Cuando uno piensa en París, automáticamente le viene a la cabeza la Torre Eiffel. Y cuando uno está allí, mire donde mire la verá asomar por encima de los edificios, por entre los árboles o al otro lado del río Sena.

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Fue diseñada por Gustave Eiffel y su construcción duró poco más de dos años y en ella trabajaron 250 obreros. De hecho, su creador sigue allí, al pie de su obra contemplando como miles de personas pasan por ella cada día.

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Inicialmente fue objeto de controversia: los artistas del momento la consideraron monstruosa y, dada su baja rentabilidad al terminar la exposición, se planteó la posibilidad de derruirla en diferentes ocasiones. Afortunadamente nunca lo hicieron, y a principios del siglo XX, con la llegada de las guerras mundiales, las autoridades encontraron su utilidad como antena de radiodifusión y con ella captaron mensajes que ayudaron a los aliados de forma decisiva.

Pero si desde lejos impresiona, cuando uno se sitúa debajo de ella impone.

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y subiendo hasta el segundo piso (también se puede subir a la cima) las vistas de la ciudad te dejan sin palabras.ImageImageImageImage

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Por ellas

Por todas las mujeres asesinadas en lo que va de año, por aquellas que sobreviven día a día con el temor de ser la próxima, por todas las que a diario sufren golpes, insultos, vejaciones.

Por todas las que son víctimas de un maltratador, que las ningunea, las menosprecia, les va minando poco a poco la voluntad y la autoestima, hasta el punto de “desaparecerlas” como personas, aunque no les haya puesto la mano encima.

Por aquellas que se sienten halagadas porque las celan y las controlan, sin darse cuenta que eso también es maltrato.

Por todas aquellas a las que se prohíbe estudiar, mostrar su rostro, pensar.

Por las que son obligadas a casarse con hombres a los que ni conocen.

Por esas niñas a las que se roba la infancia.

Por todas las mujeres que carecen de la libertad de ser, pensar, sentir…

Por todas ellas sigamos luchando, todos los días, no sólo el 25 de noviembre.

Callejeando por París

Sin duda, una de las cosas que más llama la atención cuando caminas por la magnífica Ciudad de la Luz son sus terrazas. Con sus dos filas de mesas perfectamente ordenadas, con todas las sillas mirando al frente, como si nadie quisiera perderse todo lo que ocurre en la ciudad, aunque en realidad, a nadie le preocupa lo que haga o diga el de al lado.

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El otoño en todo su esplendor que, aunque no sea tan vistoso o colorido como en la montaña, tiene su encanto.

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Y, sobre todo, mires donde mires, siempre está ella, la Torre Eiffel, erguida sobre la ciudad, sus edificios y sus gentes. Testigo de todo lo que ocurre y acontece.

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Sus monumentos, sus puentes y sus edificios tendrán su entrada en otro momento.