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Es aterrador ver la imagen de Aylan, porque ese era su nombre, yaciendo en la playa, pero no es menos aterrador pensar en los miles que han corrido la misma suerte durante los últimos cinco años. Porque el drama de todos los refugiados sirios que ahora llegan a las puertas de Europa huyendo del terror, dura ya cinco años. Cinco años en los que los medios que ahora reclaman soluciones callaron, porque no era noticia. Cinco años en los que nadie ha pedido explicaciones a Rusia y a China por oponerse, con su derecho de veto, a una intervención para acabar con el régimen de terror de Bashar al-Asad. Cinco años en que a nadie parecía importarle si tenían un techo, una comida o si llegarían vivos al día siguiente, a la hora siguiente. Cinco años en los que, las decenas de miles que ya no tuvieron ni siquiera la oportunidad de ser refugiados, no abrían las noticias, ni eran portadas de periódicos.

Ahora nos estalla en la puerta de casa y tenemos que buscar una solución de emergencia. Que no será la mejor, probablemente, pero es la que hay que buscar. Qué pena, que durante los cinco años anteriores, no buscáramos la forma de que no tuvieran que llegar a este momento.

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